Mirador Peninsular. Por Juan Carlos Gutiérrez  “El que se enoja pierde”

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“El que se Enoja Pierde”

 

Mérida.- Los lamentables, cuestionables y de plano ridículos sucesos de días recientes en Chetumal confirmaron el estado general de alerta por el que pasa Quintana Roo, la entidad más joven y, también más poderosa, aunque igualmente conflictiva y convulsa de toda la Península de Yucatán, donde lo que sucede en Cozumel puede permear hasta Ciudad del Carmen.

Unidos aún por una cultura ancestral, amalgama de la maya y la generada posterior a la conquista, es decir la yucateca, los tres estados registran, gozan o padecen lo que sucede en cualquiera de ellos. Desafortunadamente, lo último ha sido lo más frecuente.

El pleito, a mentadas de madre, primero y a golpes después, entre el ex gobernador Félix González Canto y el secretario estatal de Desarrollo Social, Julián Ricalde Magaña, desnudó a la clase política quintanarroense y la retrató como la más arcaica, al menos de estos tiempos, en la región.

En ese pleito se enfrascaron las dos corrientes preponderantes en el estado, la del PRI y la del PRD, ahora en el gobierno y que antepusieron su soberbia a la celebración del 43 aniversario de la creación de la entidad que dicen representar y, aún peor a la presencia del gobernador Carlos Joaquín González, a quien le “robaron” los titulares.

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Por un lado, Julián Ricalde le estropeó el acto a su jefe al emitir, justo a la entrada al acto de su antagonista Félix González, con quien trae problemas añejos, desde que era alcalde de Cancún, un tweet con “jiribilla” en el que ofendía a aquél que iba a saludar de mano a Joaquín en lo que, al menos en apariencia se esperaba que fuera un acto de unidad.

Pero él hizo precisamente lo contrario, como mal subalterno del anfitrión, fue un factor de desunión.

Ofendió al invitado, quien no se aguantó y errónea, aunque comprensíblemente fue a reclamarle. Pero lo que estuvo mal fue que el cozumeleño perdiera el control y le soltara una cachetada a la “Eduardo Yáñez” (días antes de que ese otro desaguisado sucediera) y activara el boxeo en la ceremonia.

Félix se enojó y como dice el dicho, perdió, no sólo en los golpes (según las crónicas, se lo “agasajaron”), sino en la imagen que como senador y personaje tiene en el estado, donde se le recuerda, quizás más que por su gobierno, por haberle “heredado” a Quintana Roo a Roberto Borge, aquel que quiso instaurar el “Quintanarroismo”, y que gustaba bailar en fiestas vestido de mestizo yucateco.

Perdió Carlos Joaquín, al ser relegado en un acto en el que debió ser la estrella, con una foto quizás saludando a FGC, quien sin quererlo, salió “en la de 8” con la boca enrojecida dejando el salón, acompañado de una dama.

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Perdió la clase política del estado al ser evidenciada como una de tipo amateur, carente de estatura, de categoría, para resolver sus problemas más fuertes, al menos “en lo oscurito” y ser el hazmerreir de toda la región.

Y, claro, perdió Quintana Roo y su población al confirmar el tipo de políticos que la gobiernan y que desde inicios de siglo han dado nota negativa nacional e internacional.

No son los quintanarroenses los únicos políticos del mundo, el país o la región que “resuelven” o agravan sus problemas de esta manera.

Ya en alguna ocasión trascendió que hace ya muchos años, Antonio González Curi se agarró a golpes (pero en privado) con Jorge Salomón Azar García a quien sucedió en la gubernatura de Campeche; lo mismo ocurrió a finales de los 90´s con el entonces alcalde panista de Mérida, Patricio Patrón Laviada, señalado por cachetear al reportero radiofónico Fernando Olvera del Castillo y, por el contrario, también por haber sido abofeteado en pleno Congreso del Estado por su par del PRI, la ticuleña Beatriz Peralta Chacón.

O por el entonces funcionario gubernamental y mano derecha de Víctor Cervera Pacheco, Wilberth Chí Góngora, que a mediados de los 90´s ya no se aguantó y en plena entrada de Palacio de Gobierno le rompió todo “el árbol genealógico” al agitador profesional Severino Salazar Castellanos, quien años antes, el 10 de agosto de 1993, a unas horas de la llegada de Juan Pablo II a Mérida, fue “retirado” por el Ejército Mexicano de la entrada de Palacio de Gobierno, donde se encadenó para “estropear” el acto donde el Pontífice reanudaría con Carlos Salinas de Gortari, las relaciones diplomáticas del Vaticano con México.

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Habas se cuecen en todos lados, pero deben caer al guiso cuando no está tan caliente como en estos momentos en Quintana Roo, donde la ya instalada inseguridad y balaceras de un día sí y otro también en Cancún y Playa del Carmen, principalmente, mantienen crispada a la población.

Y si a eso le añadimos el problemón financiero que Joaquín arrastra de su antecesor, Borge Angulo, además de la baja turística que de un momento a otro vendrá por su incapacidad para frenar la delincuencia, el caldo de habas, o el frijol con puerco de cada lunes tendrá un amargo, muy amargo sabor.

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